En el marco de la sociedad del conocimiento,
caracterizada por la irrupción de las TIC, la educación no debe quedarse al
margen de los profundos cambios que ya fueron introducidos en otras áreas de la
vida cotidiana (comunicación, industria, trabajo, transporte, etc.) y que deben
implementarse de manera progresiva pero inmediata e irreversible.
La educación a distancia ya es
una opción instaurada sobre todo en el ámbito universitario, generando nuevos
modos y prácticas en la relación docente – conocimientos – estudiante. Es aquí
donde cobra vital importancia la interacción y comunicación entre dichos
actores que se encuentran mediados
por tecnologías (recursos, plataformas, entornos virtuales, aplicaciones, etc.),
las que intervienen protagónicamente en el proceso de enseñanza – aprendizaje. Por
ello es indispensable establecer, como propone Lorenzo García Aretio (1999), un diálogo
didáctico mediado, caracterizado por la conjunción de un diálogo simulado asincrónico y un diálogo real sincrónico y asincrónico.
En esta relación, el docente toma
el rol de facilitador, mediador, tutor, motivador, dinamizador y guía del
proceso de aprendizaje sus estudiantes, monitoreando y realimentando continuamente
dicho proceso para generar empatía. Los estudiantes por su parte, deben ser
creativos, reflexivos y críticos. Poseen un amplio margen de libertad para
manejar su propio aprendizaje, gestionando el tiempo y el espacio en base a su
responsabilidad, capacidad comunicativa y autodisciplina.
Desde su rol, ambos actores
necesitan de ciertas habilidades y capacidades para el manejo de TIC, lo que
muchas veces conlleva a plantear acciones que apunten a innovar. Las TIC mejoran
las oportunidades de aprendizaje, facilitan el intercambio de información,
estimulan la creatividad, ponen a disposición múltiples fuentes de información
y potencian el aprendizaje multisensorial entre otras cosas. Así, teniendo en
cuenta las condiciones institucionales y socio-históricas para el profesor en
el marco de la EAD, la innovación educativa involucra pensar críticamente el
acto educativo, crear contextos participativos y diversos espacios para las
relaciones docente – estudiante, ser creativos y mejorar las condiciones de los
ambientes de aprendizaje.
La práctica docente a distancia,
en la actualidad y en el contexto mundial, se ve caracterizada por distintas
tendencias como: la formación basada en competencias, el fomento de una cultura
de la creatividad e innovación, la colaboración en redes de trabajo y
comunidades de aprendizaje, la ubicuidad y el aprendizaje situado acompañado
por expertos. Por ello el docente universitario debe adquirir ciertas
competencias que le permitirán abordar su práctica y desarrollar estrategias específicas, teniendo en cuenta que los destinatarios son,
en su mayoría, estudiantes juveniles y adultos enfocados en su formación
profesional proyectada al ámbito laboral.
Dichas competencias, según Echeverría
(1996), son:
Competencia Técnica (saber): tener los conocimientos
especializados que permitan dominar, como experto, los contenidos y las tareas
vinculadas a la propia actividad laboral.
b) Competencia metodológica (saber hacer):
aplicar los conocimientos a situaciones laborales concretas utilizando los
procedimientos adecuados, solucionar problemas de manera autónoma y transferir
las situaciones adquiridas a situaciones novedosas.
c) Competencia participativa (saber
estar): atender el mercado laboral, predisposición al entendimiento
interpersonal así como a la comunicación y cooperación con los otros
demostrando un comportamiento orientado al grupo.
d) Competencia personal (saber ser):
tener una imagen realista de uno mismo, actuar de acuerdo con las propias
convicciones, asumir responsabilidades, tomar decisiones y relativizar posibles
frustraciones”.
En consecuencia, la formación docente universitaria involucra el "aprender a enseñar" y "enseñar a aprender".
En consecuencia, la formación docente universitaria involucra el "aprender a enseñar" y "enseñar a aprender".
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